Escuchaba ayer a la tarde a un cantante, uno de tantos
y tenía los ojos llenos de estupor
I've seen many things in
this part of the world
al oir: "el cielo azul parece límpido y real" let me tell you something
(el cielo a veces, en cambio, tiene algo de infernal).
Días extraños, vivimos días extraños.
Cantaba:
life can be short or long
oigo un ruido de swing provenir del Neolítico,
it
depends
desde Occidente.
where
you go at night
Oigo el sonido de un violín
alone
and walking alone through the grey Sunday streets
y me circundan el alba
looking
for someone
y la mañana.
the
place was clean well lit
¿Quién sabe cómo eran entonces
I went
in and I said (I suppose I said)
el Río del Amazonas
whisky
please
y Alejandría la grande
the
place was clean well lit
y las plegarias y el amor?
two men
in a corner were waiting
Quién sabe cómo era el color?
I saw
it from their hands
you
look at the hands
not at
the face
if you
want to stay out of trouble
Me lamían sonidos que cubrían rabias y venganzas
de hombres con clavas
pero también batallas y masacres de hombres civiles
looking
for someone
El hombre Neozoico
where
you go at night
De la era Cuaternaria.
Días extraños, vivimos días extraños.
strange
days I lived through strange days
En la voz de un cantante
se refleja el sol
cada amada, cada amante.
Desde
L'ombrello e la macchina da cucire (1995) las letras de las canciones de
Battiato están escritas a medias con el filósofo siciliano Manlio Sgalambro.
Fornicazione es uno de los temas de ese disco que inicia una etapa nueva en la
obra de Battiato.
Una canción nunca puede ser portadora de un mensaje. Todos lo saben, una canción no habla sobre algo, no refiere a nada. No hay nada que diga de por sí una canción. Algunos se olvidan, son los que tratan de decir, de que quede claro ("up patriots to arms"). Otros se pasan de tontos, como si la imposibilidad de decir inherente a la canción la autorizara a relegar(se) a al páramo de la banalidad ("la musica contemporanea mi butta giù"). Battiato, como solía hacer a principios de los años ochenta, viene con esta canción a poner en evidencia algo de todo esto.
Up patriots to arms
La fantasía de los pueblos que reúne hasta nosotros
no viene de las estrellas
A sublevarse, estúpidos, que los ríos desbordan
pueden estar a flote
Y no es mi culpa si existen verdugos
si existe la imbecilidad
si los bancos están llenos de gente que está mal
Up patriots to arms, engagez-vous
la música contemporánea es un bajón
El ayatollah Khomeini para muchos es santidad
te abocás siempre al amo
las barricadas en la plaza las hacés por cuenta de la burguesía
que crea falsos mitos de progreso
Quiénes se piensan que somos por los pelos que tenemos
nosotros somos las luciérnagas que están en las tinieblas
Una noción nueva parece haber absorbido en ella, ahora, toda la presión que nos llega del mundo y de nosotros mismos y que, al oprimirnos, se traduce en tensión interna. "Estrés", bajo su silbido intenso, que tanto demora en extinguirse, nos conduce al sentido rugoso del latín: stringere -apretar, comprimir, ahogar-; expresa cuánto se introduce en nosotros lo que nos "presiona". En la unión de diversos campos que nuestros saberes han procurado tanto separar (psicología, fisiología, neuroquímica, sociología, etc.) e intercalándose tentacularmente entre ellos hasta hacer caer, sin mayor ruido, tanto sus justificaciones como sus cierres, la noción crece desmesuradamente, desde hace algunos decenios, para expresar lo que, bajo el exceso de la excitación, se altera y desorganiza, hasta paralizar nuestra vitalidad (...). "Lo que": el saber clásico está decepcionado -¿vencido?- ya que, por una vez, no podrá localizar precisamente ese "eso"; por ello, esa noción, transmitida o más bien impuesta por el uso, introduce una ruptura decisiva con respecto a nuestra ambición teórica. No sólo porque abre los ámbitos constituidos y deja ver, más de lo que antes se pensaba, hasta qué punto ya no es sostenible toda separación de lo psíquico y lo somático. Sino sobre todo porque saber, por sí mismo, es especificante, y esa noción obliga, inversamente, a desespecificar: a contrapelo de toda una ciencia médica que no había dejado de avanzar estudiando cada vez más de cerca la reacción sui generis del organismo ante la enfermedad, obliga a reconocer un estatus generalizado del síndrome, que escapa por principio a toda fragmentación y clasificación. Tras una larga historia cultural, europea, que no sólo nos ha enseñado a distinguir cada vez más cuidadosamente nuestros objetos de pensamiento, sino que también ha fraccionado la experiencia humana en planos separados, y sobre todo entre lo médico / lo moral / lo espiritual, "estrés" hace surgir permanentemente, todo el día, como contraseña, o como expresión de un impasse, lo que rechaza. "Estoy estresado" es el antónimo, hoy muy generalizado, del "estoy bien" discreto. Término técnico, por lo menos en sus orígenes (la metalurgia), pero del que se ha apoderado con autoridad y reactivamente el pensamiento común, ya que se oye sintomáticamente en la lengua corriente, en todos lados, como una incitación al orden: el de tener que volver a tomar en cuenta, no tanto la "unidad" o la globalidad, nociones clásicas, como la inseparabilidad de lo vivo. En ese sentido, se une y se recupera, pero a la inversa esta vez, el reto de nutrir la propia vida.
François Jullien, Nutrir la vida (Más allá de la felicidad), p. 205-207
Otra vida (Battiato, versión de Inneres Auge, 2009)
Ciertas noches para dormir me pongo a leer
y en cambio necesitaría momentos de silencio.
Ciertas veces, incluso con vos, y sabés que te quiero,
me enojo inútilmente sin una verdadera razón.
En las calles a la mañana tanto tránsito me agota,
me ponen nervioso los semáforos y los “pare”,
y a la noche vuelvo con malestares especiales,
no sirven tranquilizantes o terapias,
hace falta otra vida.
En los divanes, con el control remoto en mano,
historias de bajos fondos, Dallas y Los ricos también lloran.
En las calles la tercera línea del metro que avanza,
y autos estacionados en triple fila,
y a la noche vuelvo con el fastidio y el cansancio,
En abierta contradicción con la entrada anterior, François Jullien parece proponer una salida a la problemática situación de Descartes ("ni puedo afirmar los pies en el fondo, ni nadar para mantenerme sobre la superficie"): flotar. El mismo Battiato sabe acompañar el movimiento y hace un pasaje de la búsqueda arquimedeana (en la cual, sin embargo, anticipaba: over and over again) a un suave dejarse ir.
Flotar expresa la capacidad de no inmovilizarse en ninguna posición, al mismo tiempo que a no tender hacia ninguna dirección; a la vez, mantenerse en movimiento continuo, llevado por la alternancia respiratoria del flujo y el reflujo, y a no sufrir gasto o correr el riesgo de oponer resistencia. Al retirar el pensamiento del destino y, de ese modo, al dejar reabsorber la idea de la finalidad, "flotar" es el verbo que mejor contradice la aspiración y la tensión hacia la felicidad; o que expresa mejor el mantenimiento y la nutrición de lo vital. Pues flotar es no fijarse ningún puerto, no darse ningún objetivo, al mismo tiempo que mantenerse siempre emergente, alerta, liviano. Es no vacilar (flotación no es flotamiento), es no oscilar; ni derivar (y librarse a la embriaguez aventurera de ya no ser guiado: Rimbaud). Unas embarcaciones que flotan livianamente en la bahía donde están ancladas ondulando con la ola, mantienen animado todo el paisaje. Al expresar de ese modo la disponibilidad, "flotar" se opone a la dramática travesía (que adronta los peligros para llegar a la muerte: ¿qué sentido tiene, entonces, el viaje?), así como la torpeza de la rigidez (la eternidad mórbida de un mundo de esencias). "Flotar" no es avanzar hacia, ni tampoco fijarse, sino dejarse mover y renovarse al ritmo de la incitación del mundo.
François Jullien, en Nutrir la vida
Battiato. La preda. En Gommalacca (1998).
Tratá de quedarte inmóvil, no hables,
lenta la respiración, al unísono ralentizá el corazón.
La meditación que hice ayer me ha llenado el espíritu de tantas dudas, que ya no me es posible olvidarlas. Y sin embargo, no veo de qué manera voy a poder resolverlas; y como si de pronto hubiese caído en unas aguas profundísimas, quédome tan sorprendido, que ni puedo afirmar los pies en el fondo, ni nadar para mantenerme sobre la superficie. Haré un esfuerzo, sin embargo, y seguiré por el mismo camino que ayer emprendí, alejándome de todo aquello en que pueda imaginar la menor duda, como si supiese que es absolutamente falso, y continuaré siempre por ese camino, hasta que encuentre algo que sea cierto o, por lo menos, si otra cosa no puedo, hasta que haya averiguado con certeza que nada hay cierto en el mundo. Arquímedes, para levantar la tierra y transportarla a otro lugar, pedía solamente un punto de apoyo firme e inmóvil; también tendré yo derecho a concebir grandes esperanzas, si tengo la fortuna de hallar sólo una cosa que sea cierta e indudable.
Descartes, al comienzo de la segunda meditación metafísica.
la matemática es el tribunal del mundo el número es orden y disciplina aquello con lo que se indica el fin de la ciencia traiciona con el término la cosa el orden ya el término tiene algo de torcido que sabe a policía ensombrece en los adeptos las fuerzas del orden cósmico los ritos cósmicos el auténtico sentimiento científico es impotente frente al universo la inflación que pone en las manos del individuo en un gesto solo millones de marcas dejándolo más miserable que antes demuestra punto por punto que el dinero es una alucinación colectiva
Battiato revisitado. En el concierto de Segesta (2004) canta Stage door, incluida en el single Il ballo del potere (1998) y rehecha para Inneres Auge (2009).
Sabés que cuanto más se envejece
más afloran recuerdos lejanísimos
como si fuera ayer
me veo a veces en brazos de mi madre
y escucho aún los tiernos comentarios de mi padre
los almuerzos, los domingos en lo de los abuelos
las ganas y las explosiones irracionales
los primeros pasos
alegría y disgustos.
La primera gota blanca, qué susto
y qué placer extraño
y un enamoramiento sin sentido
por ley natural a esa edad
los primeros acordes en un órgano de iglesia en la sacristía
y un dogmático respeto por las instituciones.
Qué quedará de mí, del tránsito terrestre
de todas las impresiones que he tenido en esta vida?
Me gustan las elecciones radicales
la muerte consciente que se autoimpuso Sócrates
y la desaparición misteriosa y única de Majorana
la vida cínica e interesante de Landolfi
opuesto pero cercano a un monje birmano
o la misantropía celeste en Benedetti Michelangeli.
También yo, mirándome bien, vivo hace milenios
y vengo derecho desde la civilización más alta de los sumerios
del arte cuneiforme de los escribas
y duermo a menudo en una bolsa de dormir
porque no quiero perder los contactos con la tierra
El valle entre dos ríos de la Mesopotamia
que vio en sus riveras Isaac de Nínive.
Qué quedará de mí, del tránsito terrestre,
de todas las impresiones que tenemos en esta vida?
Recordad a Dios para que, sin cesar, él os recuerde, pues recordándoos os salvará y recibiréis todos sus bienes. No lo olvidéis en vanas distracciones si no queréis que él os olvide en el momento de vuestras tentaciones.
En la prosperidad, permaneced cerca de él en obediencia; tendréis así seguridad de palabra ante él cuando os encontréis apenados, por el hecho de que vuestra oración os impulsa sin cesar hacia él en vuestro corazón. Manteneos sin cesar ante su faz, pensando en él, conservando su recuerdo en vuestro corazón; de lo contrario os arriesgáis, viéndolo sólo de tanto en tanto, a carecer de seguridad con él, por culpa de vuestra timidez. La frecuentación continua, entre los hombres, se ejerce por la presencia corporal; la frecuentación continua de Dios es una meditación del alma y una ofrenda en la oración.
Cuando la virtud del vino penetra en las venas, el intelecto olvida el detalle y la diferenciación de las cosas; cuando el recuerdo de Dios se apodera del alma, el recuerdo de las cosas visibles se desvanece del corazón.
Cuando alguien inspecciona su alma a cada instante, su corazón disfruta revelaciones. Aquel que conduce su contemplación hacia su interior contempla el resplandor del Espíritu; aquel que despreció la disipación contempla a su Señor en el interior de su corazón. Aquel que quiere ver al Señor se aplica a purificar su corazón por un recuerdo ininterrumpido de Dios, de ese modo verá al Señor en todo momento en el resplandor de su intelecto. Como el pez fuera del agua, él se aparta del intelecto que abandona el recuerdo de Dios dejándose dominar por el recuerdo del mundo.
Hice escala en Grado el domingo de Pascua, gente por las calles corría yendo a misa. El aire cargado de incienso, en las paredes las estaciones del calvario, gente falsamente absorta que esperaba la redención de los pecados.
Agnus dei qui tollis peccata mundi miserere dona eis requiem.
Mi estilo es viejo como la casa de Tiziano en Pieve di Cardore, en mi sangre no hay agua sino hiel que te podrá curar. Se ilumina de inmensidad mostrando un poco la lengua al cura que da la hostia, se siente en el paraíso cantando los salmos un poco desafinados.
Agnus dei qui tollis peccata mundi miserere dona eis requiem.
Mientras reviso las bases de mi práctica de yoga trato de renovar el sentido de la disciplina. Para eso me ayuda, entre otras cosas, la lectura de los maestros de distintas tradiciones espirituales. En este caso copio un fragmento del célebre Las bases del yoga (1936) de Aurobindo, que revisa conceptos como el de sumisión, aspiración, fe y voluntad. Antes del texto, un fragmento de la película Niente è come sembra de Franco Battiato en el que un personaje responde al discurso materialista de otro personaje acerca de la sumisión y la libertad.
Me permito explicarte dos cosas: la primera es que la que vos llamás sumisión es una disciplina,
un extraordinario arte de la estrategia para defenderse de las prisiones de las ataduras y
sólo así alcanzar libertad de vastidades desmesuradas; la segunda es que la que
vos llamás libertad es simplemente una total, inconsciente esclavitud.
Nuestro yoga exige una consagración total de la vida a la aspiración, al descubrimiento y a la incorporación de la Verdad divina, y a ninguna otra cosa más. Dividir tu vida entre el Divino y algún propósito y actividad exterior que no tenga ninguna relación con
la búsqueda de la Verdad, es algo inadmisible. La menor desviación de este género haría
imposible el éxito en el yoga.
Las teorías mentales no tienen una importancia fundamental, porque la mente elabora o acepta las teorías que apoyan la tendencia del ser. Lo que importa es esa tendencia y la llamada en tu interior.
El conocimiento de que hay una Existencia, una Consciencia y una Felicidad suprema, que no son meramente un Nirvana negativo, ni un Absoluto estático y amorfo, sino que son también dinámicas, la percepción de que esta Consciencia divina puede ser realizada no sólo en el más allá, sino aquí mismo, y la consiguiente aceptación de la vida divina como el objetivo de nuestro yoga, son cosas que no pertenecen a la mente. Aunque este punto de vista puede ser sostenido intelectualmente tan bien como cualquier otro, o posiblemente mejor, no es una cuestión de teorías sino de experiencia y, antes de que la experiencia haya llegado, de fe: de la fe del alma determinando la adhesión de la mente y de la vida. Quien esté en contacto con la Luz superior y tenga esta experiencia, podrá seguir este sendero, por arduo que sea para las partes inferiores de su ser. Quien haya sido tocado por la Luz, y no tenga aún esta experiencia, podrá seguirlo si percibe la llamada, si tiene la convicción y el impulso que proceden de la adhesión del alma.
Las sendas del Divino no son como las de la mente humana, ni están concebidas con arreglo a nuestras pautas y, por consiguiente, es imposible juzgarlas o decidir por Él lo que debe o no debe hacer, puesto que el Divino lo sabe mejor que nosotros. Por poco que admitamos la existencia del Divino, me parece a mí que la verdadera razón se une a la bhakti para exigir una fe y una sumisión completas.
La verdadera actitud de sadhana no consiste en imponer la mente y la voluntad vital propias al Divino, sino en aceptar la voluntad Divina y seguirla. No consiste en decir: “Tengo derecho a esto, me hace falta, lo reclamo, lo exijo; ¿por qué no lo consigo?”, sino en darse, en rendirse sin condiciones y recibir con alegría, sin afligirse ni rebelarse, todo lo que el Divino otorgue. Entonces, lo que recibirás será justamente aquello que te hace falta.
La fe, la confianza en Dios, la sumisión y auto-entrega al Poder Divino, son necesarias e indispensables. Pero la confianza en Dios no tiene que ser una excusa para abandonarse a la indolencia, a la debilidad y a los impulsos de la naturaleza inferior; debe ir acompañada de una aspiración incansable y de una repulsa constante de todo lo que sea un obstáculo para la Verdad divina. La sumisión al Divino no debe constituir una excusa, un pretexto o una ocasión, para someterse a los deseos propios y a los movimientos inferiores, al ego o a alguna fuerza de la ignorancia o de la oscuridad que adopte falazmente la apariencia del Divino.
(…)
En nuestro yoga todo depende de la capacidad de abrirse a la Influencia. Si la aspiración es sincera y hay una paciente voluntad de llegar a la consciencia superior, a pesar de todos los obstáculos, la apertura, de una manera o de otra, no dejará de producirse. Pero puede tardar más o menos según el estado de la mente, del corazón y del cuerpo, y de su grado de preparación, y si no se tiene la paciencia necesaria, las dificultades del comienzo pueden hacer abandonar el intento.
En este yoga no hay otro método que el de concentrarse –preferentemente en el corazón- invocando la presencia y el poder de la Madre para que tome posesión del ser y transforme la consciencia con la acción de su fuerza. Cabe también concentrarse en la cabeza o en el entrecejo; pero para muchos esta apertura es demasiado difícil. Si la mente se aquieta y la concentración se torna fuerte y la aspiración es intensa, es que tiene lugar el comienzo de la experiencia. Cuanto más grande sea la fe, más probabilidades hay de obtener un resultado rápido. El resto no depende sólo del propio esfuerzo: hay que lograr establecer contacto con el Divino y ser receptivo al Poder y a la Presencia de la Madre.
(…)
Casi nadie tiene suficiente fortaleza para dominar sin ayuda, por medio de su aspiración y de su voluntad, las fuerzas de la naturaleza inferior; incluso aquellos que logran hacerlo no consiguen más que una cierta clase de control y no una soberanía completa.
La voluntad y la aspiración son necesarias para hacer descender la ayuda de la Fuerza divina y para mantener el ser de su parte mientras ésta actúa sobre los poderes inferiores. Sólo la Fuerza divina, ejecutando la voluntad espiritual y la aspiración psíquica del corazón, puede hacer efectiva esta conquista.
(…)
Para transformar automáticamente toda acción en acto de adoración, el poder del pensamiento no es suficiente; tiene que haber en el corazón una fuerte aspiración que produzca una percepción o un sentimiento de la presencia de Aquel a quien se le ofrece la adoración. El bhakta no confía en su propio y exclusivo esfuerzo, sino en la gracia y en el poder del divino que adora.
Has tenido siempre demasiada confianza en la acción de tu propia mente y voluntad: ésta es la razón por la cual no puedes progresar. Si pudieras adquirir la costumbre de confiar silenciosamente en el poder de la Madre –no solamente de pedirle que sostenga tu propio esfuerzo-, el obstáculo disminuiría y finalmente desaparecería.
Toda aspiración sincera produce su efecto; si eres sincero crecerás en la vida divina. Ser completamente sincero significa querer solamente la Verdad divina, entregarse más y más a la Madre divina, rechazar toda exigencia personal y todo deseo que no sea esta única aspiración, ofrecer al Divino todas las acciones de la vida y hacerlas como el trabajo que te ha sido asignado, pero sin permitir al ego que intervenga. Tal es la base de la vida divina.
No es posible llegar a ser enteramente así en el acto; pero si se aspira sin cesar y se pide en todo momento la ayuda de la divina shakti con un corazón sincero y una recta voluntad, se crece cada vez más hacia esta consciencia.
Una sumisión completa no es posible en tan poco tiempo, pues una sumisión completa significa que el nudo del ego está cortado en todas las partes del ser y que éste se ofrece, libre y entero, al divino. La mente, el vital, la consciencia física –e incluso cada una de sus partes en todos sus movimientos- tienen que someterse sucesivamente, abandonando su manera de ser y aceptando la del Divino. Pero lo que se puede hacer desde el comienzo es tomar una resolución central de consagración y cumplir esta resolución en todas las ocasiones que se presenten, aprovechando a cada paso todas las oportunidades para completar la autoentrega.
La sumisión en una dirección facilita las otras, las hace más inevitables; pero por si misma no corta ni afloja los otros nudos. Sobre todo aquéllos que están muy íntimamente vinculados a la presente personalidad y a sus formaciones más queridas presentan con frecuencia grandes dificultades, incluso después de haber sido fijada la voluntad central y puestos los primeros sellos de la practica sobre su resolución.
(…)
No es posible prescindir inmediatamente de la insistencia en el esfuerzo personal; y no siempre es deseable, puesto que el esfuerzo personal es preferible a la inercia tamásica.
El esfuerzo personal tiene que ser progresivamente transformado en un movimiento de la Fuerza divina. Si eres consciente de la Fuerza divina, llámala más y más para que dirija tu esfuerzo, para que asuma su cargo y lo transforme en una cosa que no pertenezca más a ti, sino a la Madre. Se producirá de alguna manera una transferencia, una toma de posesión de las fuerzas que actúan en el adhar personal; una transferencia que no será inmediata, sino progresiva.
Pero es necesario el equilibro psíquico: hay que cultivar el discernimiento que ve con claridad lo que viene de la Fuerza divina, lo que procede del esfuerzo personal y lo que se insinúa como una mezcolanza de las fuerzas cósmicas interiores. Y hasta que la transferencia sea completa –lo que requiere necesariamente su tiempo-, tiene que haber siempre, como contribución personal, una aquiescencia constante a la Fuerza verdadera y una constante repulsa a toda mezcla inferior.
Por el momento no conviene que abandones el esfuerzo personal; lo que tienes que hacer en cambio es pedir cada vez más intensamente al Poder divino que gobierne y guíe este esfuerzo personal.
(…)
Son únicamente las partes más mecánicas del ser las que pueden decir verdaderamente que son impotentes. La consciencia física material, especialmente, es inerte por naturaleza y es movida o por la mente y el vital o por las fuerzas superiores; pero uno tiene siempre la potestad de poner al servicio del divino la voluntad mental o el impulso vital. No es posible estar seguro del resultado inmediato porque la obstrucción de la naturaleza inferior o la presión de las fuerzas adversas pueden a menudo obstaculizar con éxito durante algún tiempo, e incluso durante mucho tiempo, el cambio necesario.
(…)
Dices que eres consciente de tu ignorancia y de tu oscuridad. Si es solamente una consciencia general, no es suficiente. Pero si eres consciente de ello en los detalles, en su acción efectiva, es suficiente para empezar; tienes que rechazar firmemente los movimientos falsos que percibes y hacer de tu mente y de tu vital un campo claro y tranquilo para la acción de la Fuerza divina.
Los movimientos mecánicos son siempre los más difíciles de detener por la voluntad mental, porque no dependen lo más mínimo de la razón ni de ninguna justificación mental, sino que se basan en asociaciones, o simplemente en la memoria o el hábito mecánicos.
La práctica del rechazamiento prevalece al fin; pero con el esfuerzo personal solo, el proceso puede durar mucho tiempo. Si puedes llegar a sentir el Poder divino actuando en tu ser, todo resultará más fácil.
No tiene que haber nada de inerte o tamásico en la ofrenda de sí a esta guía, y ninguna parte del vital debe utilizarla como pretexto para no rechazar las incitaciones de los impulsos y de los deseos inferiores.
(…)
Poco importa que sea por tapasya o por sumisión, lo único verdaderamente importante es dirigirse firmemente hacia el objetivo. Cuando se han dado ya los primeros pasos por el sendero, ¿quién podrá desviarse de éste para caer de nuevo en una consciencia inferior? Si te mantienes firme, las caídas no tienen importancia; se levanta uno y se sigue hacia delante. Si se tiene una firme resolución de alcanzar el objetivo, no puede haber ningún fracaso definitivo en el camino que conduce al Divino. Y si hay algo en ti que te empuja hacia delante –y seguramente lo hay-, los desfallecimientos, las caídas y las vacilaciones de la fe, no cuentan. Hay que perseverar hasta que el conflicto haya pasado y el camino, libre, recto y sin espinas, se abra ante ti.
(…)
Practicar el yoga implica la voluntad de sobreponerse a todos los apegos y de dirigirse únicamente hacia el Divino. Lo esencial en el yoga es confiarse en todo momento a la Gracia divina, dirigir el pensamiento constantemente al Divino y ofrecerse, hasta que el ser se abra y se pueda sentir la fuerza de la Madre actuando en el Adhar.