Si le pido al mundo que pare y me lleve, tomo un sonido del aire y lo dejo caer. Y si la esperanza se agota al fin, cuando vuelva el río con sus manos nos reunirá.
Por eso todos nos estamos mirando en un instante, por decirlo así.
Tengo una razón para pensar en Dios y en mí, sin embargo el cielo se cruza y no se deja saber. Algo que se fue sin totalmente desaparecer, algo que es un destello que nos viene a llevar.
Por eso todos nos estamos buscando, es imposible sólo con la sed. Por eso todos nos estamos buscando, es imposible sólo con la sed. Te espero así, en la más fuerte luz, entre las hojas o en el aire. En la laguna, sin que aparezca el rey. Ya no están aquí, como ayer, las cosas que perdimos, todo quedó atrás al despertar.
Bosque azul de la oscuridad, nada es imposible sin tu amor. Es la organización de la selva incrustada entre las ciudades que avanzan hasta morir. Por eso todos nos estamos alejando, en un momento por decirlo así. Te espero así, en la más fuerte luz, entre las hojas, o en el aire. En la laguna, sin que aparezca el rey.
Tu desilusión nació una noche de verano y todo esto se rompe, a la vez, al despertar.
Bosque azul de la oscuridad, nada es imposible sin tu amor. Queda una verdad que dicen las grullas: no te aventures más allá del valle mortal, dicen que se juntan allí seres humanos para capturarse y hacerse todo tipo de mal.
Por eso todos nos estamos mirando en un momento, por decirlo así. Por eso todos nos estamos mirando, es imposible sólo con la sed.
Un Spinetta inspirado, en una canción que es una de las cumbres de sus últimos discos: Bolsodios. Y una banda que no se queda atrás. Sobre todo atender a los teclados de Claudio Cardone que, desde la densidad de las cuerdas hasta la limpidez del piano (pasando por teclas jazzísticas), mueven a la canción a través de una transformación de climas en sintonía con una letra venida desde dónde?
"todas las cosas que se pierden las tiene en un bolso Dios"... "todas estas estrellas amarillas están para una sola función"... "todas las cosas que conozco se parecen al cielo"... "piel que no es nada más que un pálpito en procura de un vuelo en evasión"... "todas las moradas en la tierra están para una misma diversión"... "muchos de los hombres en rama se venden en un quiosco de fe, fe que se despreocupa de la vida y asciende con su auto elevador"... "amor de mi vida, oye el reclamo de las aves por encima del humo del mundo"...
Pero tal vez lo mejor de la canción sean las interjecciones que entre verso y verso deja escuchar Spinetta, en éxtasis: oh... ah... uh... sí!
Sigue la re-visitación de Spinetta en sintonía con la entrada anterior: Invisible, 1974, Lo que nos ocupa es esa abuela, la conciencia que regula el mundo.
Dime nena ya cómo estás despierta Dime nena ya cómo estás despierta Dime nena ya cómo estás despierta
Cuando triste estoy nena me das cola
Cuando triste estoy nena me das cola
Y si quiero más, ¿por qué estás tan sola?
Hay un camino que nace de tu imagen
Al que es muy fácil llegar
Sólo es preciso el brillo de los ojos Para encontrar un alma
Lo que no resisto es la conciencia Es la abuela que regula el mundo Dime nena ya: ¿es este otro mundo?
Es este un sueño que pasa por nosotros
Es la vereda de los descalzos
Espera espera
Yo sólo te espero anidado en una mano
Lo que nos ocupa es esa abuela
La conciencia que regula el mundo
Dime nena ya cómo estás despierta
Si bien tiendo a pensar que Spinetta mejora con el paso del tiempo, también es cierto que uno puede saltar a cualquier momento de su obra (larga, más de cuarenta años) y encontrar incandescencias. Por ejemplo, uno puede llegar hasta El jardín de los presentes (de 1976) y encontrarse con una canción como "Doscientos años". ¿No es realmente zen ese pedido insistente por la palabra, por una palabra que, en definitiva, se sabe inútil ("de qué sirvió"), pero que no puede dejar de querer, de buscar y, a juzgar por la propia canción, de encontrar, aquel que vive la experiencia del mar?
La canción apenas avanza, su movimiento es un vaivén, una reincidencia marítima, un oleaje. Alguien mendicante de palabra, pero también de brisa, abre la boca, casi no puede hablar. En su conmoción alcanza a decir "oh" y, balbuceante, pide: "Una palabra,/ dame una palabra". Y también: "Dame la brisa". ¿Brisa?: "brisa de la playa". ¿Brisa?: "suave brisa". ¿Brisa?: "toda brisa".
Una palabra, dame una palabra,
una palabra, sólo una palabra.
Dame suave brisa, oh, brisa de la playa,
dame una palabra.
Doscientos años, ¿de qué sirvió
haber cruzado a nado la mar?
Una palabra, sólo una palabra,
dame la brisa, dame toda brisa.
Suave junco, oh, junco de la orilla,
dame una palabra.
No se ama verdaderamente a Dios sin amar a los hombres, "porque el amor que le consume (al místico) no es simplemente el amor de un hombre por Dios, es el amor de Dios por todos los hombres. A través de Dios, por Dios, ama a toda la humanidad con un amor divino" (Henri Bergson)
Cita extraída de Breve historia de la espiritualidad, de Luis Farré.
En la economía de la caridad divina, solamente se recibe tanto cuanto se da. Pero somos llamados a dar tanto cuanto tenemos, y más: tanto cuanto somos. (...) Cuanto más deseemos darnos en la caridad, más verdaderamente seremos: porque el Señor nos dota de un ser proporcional al dar a que estamos destinados.
La caridad es vida y riqueza de Su Reino, y en él son mayores los más pequeños: esto es, los que no han guardado nada para ellos mismos, los que no han conservado otra cosa que su deseo de dar.
(...)
De todos los amores, la caridad es el único que no es posesivo, porque sólo la caridad no desea ser poseída. La caridad busca el bien mayor para el amado: y no hay mayor bien que la caridad: todos los demás bienes están contenidos en ella. La caridad no tiene temor: habiendo dado todo lo que tiene, ella no tiene ya nada que perder. La caridad trae la paz verdadera, puesto que ella está en perfecta concordia con todo lo que es bueno y no teme a ningún mal.
Sólo la caridad es perfectamente libre y siempre hace lo que le place, puesto que no quiere más que amar y no puede impedírsele que ame. Sin caridad, el conocimiento es infructuoso. (...)
Cuando la caridad es de escasa perfección (...) todavía no ha descansado, porque no se ha dado perfectamente. Todavía está en la oscuridad, porque, como no se ha abandonado en manos de Dios, todavía no le conoce. De esta manera ella no está todavía segura de encontrarlo en las cosas que conoce.
Ningún esfuerzo nuestro puede por sí solo hacer perfecto nuestro amor. La paz, la certidumbre, la libertad, la falta de temor del amor puro son dones de Dios. El amor que todavía no es perfecto ha de aprender la perfección por la espera de Su libre voluntad y soportando su propia imperfección hasta que esté madura la oportunidad de la entrega total de sí mismo.
(...)
No existe intimidad verdadera entre almas que no saben cómo respetar la soledad mutua. No puedo estar unido por el amor con una persona cuya misma personalidad tiende a ser oscurecida, absorbida y destruida por mi amor. (...)
Si conocemos a Dios, nuestra identificación con los que amamos tendrá por modelo nuestra unión con Dios y estará subordinada a ella. Así nuestro amor comenzará con el conocimiento de sus propias limitaciones y se levantará a la percepción de su grandeza. Porque en nosotros mismos siempre permaneceremos separados y remotos de los demás; pero en Dios podemos ser uno con los que amamos.
No podemos encontrarlos en Dios sin antes encontrarnos perfectamente a nosotros mismos en Él.
Me preguntaba cómo conciliar dos creencias personales aparentemente contradictorias. La primera, explicitada en la filosofía advaita y presente en casi todas las tradiciones místicas: 'todos somos uno'. La segunda, típicamente posmoderna: 'estamos absolutamente solos'.
Spinetta, una vez más, parece sugerir que abracemos la contradicción para entender, ahora, que la comunión se da en el sentido personal e inconmensurable de la experiencia del misterio.
Efectivamente, estamos solos en el vacío de la experiencia personal, pero cuando sucede la experiencia mística (categoría esta que excede el confín del claustro) llegamos, mediante esa misma experiencia, a comprender, en sentido fuerte, que no comprendemos.
Hoy el viento se abrió,
quedó vacío el aire
una vez más
y el manantial brotó
y nadie está aquí
y puedo ver que sólo estallan las hojas al brillar,
y se produce en esto tanta luz
que ni las piedras ocultan su vida para mí
y parecen dormir,
y puedo ver que sólo estallan las hojas al brillar,
y ya no hay nada que decir,
así
refleja el cisne así
el agua en sus alas...
no hay nada que decir,
así
refleja el cisne así
el agua en sus alas
por fin.
En el valle y en el sol
hay una mancha que responde por ti,
todo es uno y es mil a la vez,
la condición de sentir casi todo sin decir...
y ya no hay luna ni dolor en mí
y la arboleda
susurra su canto desigual
y parece callar
y sin embargo una visión atraviesa mi cuerpo...
y ya no hay nada que decir,
así
refleja el cisne así
el agua en sus alas...
no hay nada que decir,
así
refleja el cisne así
el agua en sus alas...
por fin...
Y algo precipita que lo veas todo
siempre así,
y no podré olvidar la lucidez,
lo que en mi alma se transformará,
y mientras tanto
en silencio aprenderé
que hoy el viento se abrió,
quedó vacío el aire
una vez más...
y el manantial brotó
y nadie está aquí
y puedo ver
que sólo estallan las hojas al brillar...
y ya no hay nada que decir,
así
refleja el cisne así
el agua en sus alas...
no hay nada que decir,
así
refleja el cisne así
el agua en sus alas...
Es la postura de pie básica que se realiza antes y después del resto de las posturas de pie. Funciona, en este sentido, para medir y calibrar el estado de nuestro cuerpo a través de la práctica y “reunir nuestros pensamientos musculares antes de continuar la ascensión” (Ray Long MD FRCSC). Tadasana nos devuelve a la estabilidad que nuestra posición erecta nos permite, como un retorno a casa. En Tadasana nos con-centramos, volvemos a nuestro centro y, recordemos a Plotino (‘volviendo’ a nuestra tradición occidental): “alcanzamos con nuestro propio centro el centro universal (…), encontramos ahí nuestro reposo”.
Pero no es sólo una asana transitiva, también se practica como una postura en sí misma. “Tādāsana indica una postura en la que se debe permanecer de pie, firme y erguido como una montaña” (Iyengar). Simbólicamente, en Tadasana tenemos, como una montaña, una base de apoyo arraigada en el suelo, segura y estable y una cima (la coronilla) que se eleva hacia el cielo. Para conquistar una estabilidad auténtica, quizás debamos empezar entregándonos al movimiento que nuestro cuerpo nos imponga (a veces un vaivén apenas perceptible), desbloqueando nuestras tensiones para, una vez conectados con nuestros movimientos íntimos, buscar su sosiego y nuestra firme quietud.
Técnica de armado (según Iyengar):
·Colóquese de pie, erguido, con los pies juntos, con los talones y los dedos gordos de ambos pies en contacto. Apoye el extremo de los metatarsianos en el suelo y estire todos los dedos de los pies en el suelo.
·Tense las rodillas y suba las rótulas, contraiga las caderas y suba los músculos posteriores de los muslos.
·Mantenga el vientre dentro, el pecho hacia delante, la columna estirada hacia arriba y el cuello erguido.
·No cargue exclusivamente el peso del cuerpo en los talones o en los dedos de los pies sino que debe distribuirlo por igual entre ambas zonas.
·Idealmente en Tadasana los brazos deberían hallarse extendidos y elevados por encima de la cabeza pero por razones de conveniencia pueden mantenerse a ambos lados de los muslos.
Efectos (según Iyengar):
La gente no presta la debida atención a la manera correcta de estar de pie. Algunos cargan exclusivamente el peso del cuerpo sobre una pierna o mantienen una pierna completamente girada hacia un lado. Otros apoyan todo el peso sobre los talones o sobre el borde interno o externo del pie. Esto puede ser comprobado observando cómo se produce el desgaste de suelas y tacones del calzado. Debido a esta errónea posición de pie, por la mala distribución del peso del cuerpo se adquieren deformidades particulares que dificultan la flexibilidad vertebral. Aun cuando los pies deban mantenerse separados, es preferible colocar talones y dedos en una línea paralela al plano medio, y no en ángulo. De este modo las caderas se mantienen contraídas, el vientre entra y el pecho se abre hacia delante. Ello proporciona ligereza al cuerpo y agilidad a la mente. Por el contrario, si cargamos el peso del cuerpo solamente sobre los talones, se produce un cambio en el centro de gravedad; las caderas carecen de firmeza, el abdomen se proyecta hacia fuera, el cuerpo se inclina hacia atrás, obligando a un sobreesfuerzo de la columna vertebral, con lo que sobreviene en consecuencia la fatiga y el embotamiento de la mente. Resulta, por tanto, esencial llegar a dominar el arte de permanecer de pie correctamente.
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Cuando formamos la postura, podemos balancearnos, levemente hacia delante, hacia atrás y hacia ambos lados, trasladando el peso a distintas zonas del pie, observando el eje de nuestro cuerpo y sintiendo qué músculos se contraen y cuáles se relajan para garantizar el equilibrio. Al detener el movimiento suavemente, obtenemos un plano de conciencia que, a nivel físico, permite ajustar Annamaya Kosha a su medida. Esto se logra, en primer lugar, con una percepción fina de nuestros músculos, contrayendo con la tonicidad justa aquellos que son necesarios para mantener la postura y relajando los demás. Y, en segundo lugar, mediante la vigilancia de la línea de gravedad, que descarga su peso desde la coronilla, bajando por la columna vertebral, hasta terminar entre los pies (como se indica más adelante). Podemos proyectar esa línea de gravedad, según Iyengar, como un hilo divino (Brahma sūtra) que atraviesa nuestro cuerpo por su centro, garantizando la simetría axial de su eje. El equilibrio, dice, “no debe ser obtenido por los músculos sino por el espíritu”.
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Músculos en activación sinérgica:
·Psoas y glúteos (equilibran la pelvis).
·Tensor de la fascia lata y glúteo medio (mantienen las piernas sin rotación externa).
·Cuádriceps (alargan las rodillas).
·Músculos de la pantorrilla (equilibran los tobillos)
·Músculos de la parte inferior y superior del pie.
·Erectores de la columna (elevan la columna, mantienen erguido el tronco).
·Abdominales (sostienen y equilibran el torso, bajando la caja torácica).
·Diafragma.
·Periné.
·Parte inferior de los trapecios (baja los hombros, eleva el pecho).
·Romboides y parte media de los trapecios (llevan los omóplatos hacia la línea media, abren el pecho).
·Pectorales menores (elevan costillas inferiores, abren el pecho).
·Infraespinoso y redondo menor (rotan externamente el húmero).
·Tríceps (enderezan los codos).
Articulaciones:
·Los tobillos, las caderas, los hombros y las muñecas están en su posición neutra.
·Las rodillas están extendidas.
·Los codos están extendidos y los antebrazos en pronación.
Los arcos de los pies están elevados y conectan con la acción ascendente de elevación en el suelo pélvico, el abdomen inferior, la caja torácica, la columna cervical y el extremo superior de la cabeza.
Los omóplatos están bajos recayendo sobre el apoyo de la caja torácica y conectan con la liberación descendente del coxis y la conexión de los tres puntos de contacto entre cada pie y el suelo. Según Ray Long MD FRCSC,
no puede construirse nada duradero sobre unos cimientos poco sólidos. Ésta puede que sea la razón por la que muchas tradiciones de yoga consideran que Tadasana es el punto de partida de la práctica de asanas. Curiosamente, esta postura es casi idéntica a la “posición anatómica”: el punto de referencia de partida para el estudio del movimiento y la anatomía. La única diferencia importante entre las dos posiciones es que en Tadasana, las palmas de las manos se encuentran dirigidas hacia los lados de los muslos en vez de hacia delante.
Esta posición corporal es también singularmente humana, porque los seres humanos son los únicos auténticos mamíferos bípedos del planeta. Los humanos son también las menos estables de las criaturas, al poseer la menor base de apoyo, el centro de gravedad más elevado, y (proporcionalmente) el cerebro más pesado en equilibrio sobre todo ello.
Los pies
Los pies, como base de apoyo, ofrecen una imagen de cómo actúan en nuestro organismo las fuerzas pasivas y activas de liberación y apoyo. La estructura esencial del pie se puede representar mediante un triángulo, cuyos puntos son los tres lugares donde descansa la estructura del pie sobre una superficie de apoyo: la tuberosidad calcánea, la base del primer metatarsiano y la base del quinto metatarsiano. Como se ve en las imágenes, las líneas que conectan estos puntos representan los arcos, líneas de elevación de las cuales proviene el apoyo postural: el arco longitudinal medial, el arco longitudinal lateral y el arco transverso anterior (metatarsiano). Si unimos, desde abajo, los dos triángulos de los pies, obtenemos el tamaño y forma de la base de apoyo en Tadasana. El centro de gravedad del cuerpo, proyectado desde la coronilla, cae justo en el centro de esta base hexagonal.
En las imágenes vemos la musculatura de los pies, que proporciona elevación, equilibrio y movimiento de los huesos del pie.
Nuestra actual forma de vida urbana no requiere la adaptabilidad locomotora para la cual están capacitados los pies. El resultado es que, con el estado actual de su evolución, resultan sobrediseñados para nuestros hábitos. En este sentido, Tadasana (y las posturas de pie en general) devuelve a los pies su fuerza y adaptabilidad naturales. “Una vez se mejoran los cimientos, es mucho más fácil poner en orden el resto de la casa”.
La mirada
La mirada se dirige, en continuidad con la firmeza serena del resto de la postura (pienso en la palabra compostura, con un sentido de restitución), hacia el horizonte, atestiguando en esa visión la unión de cielo y tierra pero, al mismo tiempo, fijándose más allá del horizonte, en el infinito.
Tadasana puede ser una postura de meditación. Al llegar a ese estado se puede aplicar Shambavimudra que, según el Hatha Yoga Pradipika, “consiste en concentrar la mente en el interior (…) mientras se mantiene fija la mirada en un objeto exterior. (…) Shambavimudra es un estado en que mente y prâna se vuelven uno con el objeto interno, mientras que la mirada permanece fija, como si todo lo viera, cuando en realidad no ve nada” (IV, 36). La misma mirada, posada en el exterior pero, al mismo tiempo, volcada hacia el interior, se utiliza para la meditación en el zen; en zazen, los ojos “no miran nada, (pero) intuitivamente se «ve» todo” (Taisen Deshimaru).
Para la tradición Ashtanga de Sri K. Pattabhi Jois, en Samasthiti (que refiere a lo que acá se considera Tadasana) se fija la mirada (drishti) en la punta de la nariz.
Contraindicaciones
Si se sufre de cefaleas, insomnio o hipotensión arterial, hay que tener cuidado en general con las posturas de pie prolongadas.
Samasthiti (variante de Tadasana)
Sama: mismo, igual, equitativo.
Sthiti: Establecer, estar de pie.
Esta variación de Tadasana, además de tener las manos en la posición de oración (námaskar o námaste mudra) y la cabeza más baja, cuenta con una base de apoyo más amplia y estable porque los pies, en vez de estar juntos, están colocados con los talones debajo de los isquiones. En los estilos de yoga vinyasa, como el punto focal es el movimiento coordinado por la respiración, se usa más esta variante. En los enfoques orientados a la alineación se usa más la primera versión ya que privilegian el mantenimiento estático de posturas.
En el siguiente video podemos ver a Spinetta cantando La montaña. Él comprendió la conclusión del koan zen: la montaña es la montaña. Me gusta pensar que al final del camino (no se trata de un final cronológico) volvemos al cuerpo, para vivir en el mundo. Contamos con una conciencia más amplia pero, irremediablemente, vamos a tener que admitir que la montaña es la montaña, aunque podamos traducir, no sin cierto escepticismo, que la montaña es una de las formas, después del pensamiento, en que una ausencia inescrutable se presencia (o se presenta) a sí misma. El escepticismo está en la ironía a la que accedemos al usar el lenguaje, en definitiva, para mostrar, agotándolo, su inutilidad. En silencio, podemos permanecer en Tadasana, experimentando, primero, la montaña, para convertirnos, después, en ella, y desaparecer en su propio contorno.
Fuentes: Las posturas clave en el Hatha Yoga -Ray Long MD FRCSC (Ilustraciones de Chris Macivor) Luz sobre el Yoga -B.K.S. Iyengar Anatomía del Yoga -Leslie Kaminoff www.yogaymedicinaoriental.blogspot.com -blog de Adriana Paoletta